RECUERDOS DE GARCILASO

Nublados recuerdos me acosan de aquellas sangrientas jornadas. Empiezan las palabras a evocar lugares y tiempos del dominio Incaico y de cómo sus hostiles vecinos, desprovistos de cuanto rasgo de humanidad conociera, impedían la unificación del imperio de mi señor Viracocha.

Y no se ofrece otra cosa que contar hasta la provincia llamada Chucurpu, la cual era poblada de gente belicosa, bárbara y áspera de condición y de malas costumbres, y conforme a ellas adoraban a un tigre por su ferocidad y braveza. Con esta nación, por ser tan feroz, y que, como bárbaros, se preciaban de no admitir razón alguna, tuvo el Inca Cápac Yupanqui algunos recuentros en que murieron de ambas partes más de cuatro mil indios.

Escuchamos un lejano rebramido de los ciervos espantados por la presencia de los salvajes. Dignas bestias destinadas al infierno eran  repudiadas y temidas por otras especies del reino animal. El canto de los gallos era el preludio de nuestro grito de guerra.

En cada instante previo al encuentro con las fieras mi cuerpo sufría en temblores la zozobra por lo desconocido. Miraba las profundidades de la quebrada con el horror que inspira el devenir esquivo, dirigía entonces mi visión hacia las alturas hasta encontrarme en el norte con las alas desplegadas del cóndor calculando  con fiereza su arremetida contra el enemigo despreciable.

La sangre de Pachacutec hervía en el imponente cuerpo de nuestro Cápac Yupanqui. Su paso firme al revistar sus guerreros me daba la seguridad que mi espíritu no encontraba.

La estirpe de Manco Capac nos empujaba hacia la victoria. Y así fue. Caímos sobre los chocorbos guiados por el bravo hermano de Pachacutec. No pude desplegar mis armas. Fui herido gravemente al iniciarse la batalla. Pero mi llaga más dolorosa se afincó en mi memoria, en el recuerdo de mis hermanos muertos por el metal de sus propios hermanos. Metal que mi pusilanimidad no me permitió esgrimir.

Las provincias del norte cuzqueño fueron anexadas al imperio de mi Señor en un gesto anticipado de gratitud y reconocimiento a la gracia divina empuñada por la espada de los conquistadores de estas tierras.

Permitió Dios nuestro Señor que de los salvajes saliese un lucero del alba que en aquellas oscurísimas tinieblas les diese alguna noticia de la ley natural y de la urbanidad y respetos que los hombres debían tenerse unos a otros.

Y fue la luz, y fue el encuentro, y fue la entrega, la traición, el engaño y la ignominia que, desembarcados junto a aquellos hombres barbados, hicieron de estos señoríos, nuevos caminos para los pies del evangelizador.

(Microerrelato ficcional realizado para el Módulo 2 del curso “Literatura y Medios: puente entre lo analógico y lo digital” impartido por Educar, República Argentina)

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LA PALABRA Y EL BARRO

Miles de formas imaginarias contrastan esta realidad.

Cambiará.

Reuniré vocablos y objetos inútiles para el prójimo y se sorprenderá.

De lo inútil gestaré mi obra.

Sacaré el mejor provecho del lodo despreciado.

No daré a luz valores de cambio.

Sólo valores de uso conciben mis manos.

La palabra como el barro  es maleable.

Es dúctil, le damos la forma que queremos.

La dirección nos desorienta desde nuestro inconsciente.

Se escapa el gregario, se va, se dispara, no aguanta más.

-¡Volvé, estás en mí!-

Son momentos de creación e introspección atroz.

Soy el mismo, no te vayas, te esperan.

Sueño profundo.

Humano, torpe, principiante, aprendiz, estudiante, graduado, obrero.

Obrero.

Mis manos transforman la materia.

La palabra me asiste

Silencio.

Despertame cuando puedas erigirte.

Te soñé durante años, estás allí, apuesta, virgen, mis manos te dieron forma.

Hoy tenés vida propia.

Demostrales que hay otro mundo.

Alejate, es tu momento.

Momento de nuevas creaciones.

Presta a partir, un detalle: ¡te di vida sin contraprestación!

Pablo

Sangre derramada en Jujuy, Argentina.

En la provincia de Jujuy ubicada en el norte de la República Argentina, el desquicio de los dueños de la tierra y la brutalidad de torpes funcionarios sin escrúpulos han resultado en el derramamiento de  sangre de mi pueblo.

El suceso se produjo el día 28 de julio de 2011.

Como consecuencia de un desalojo de varias familias que ocupaban un predio perteneciente a la empresa Ledesma, fallecieron cuatro personas y resultaron varios heridos.

El desalojo fue ordenado por un juez “competente” luego de la denuncia efectuada por la empresa Ledesma por ocupación ilegal de tierras destinadas  a la producción de azúcar.

La empresa Ledesma produce azúcar, papel, alcohol, bioetanol y frutas.

Creo en la vida. En la vida de todos.

Pero el poder económico de Argentina -tal cual sucede en todo el planeta- sólo cree en sus riquezas y propiedades, y en los medios para aumentarlos, aunque el precio sea la instrumentalización de las personas.

Allí estuvieron enrolados en la cruzada contra el “desorden”, los que detentan el poder en la provincia de Jujuy. Enviaron a sus fuerzas de seguridad para volver las cosas a su estado “natural”, a restituir el presunto “orden” que las instituciones permiten.

En nombre de ese “orden naturalizado” y de la “sagrada propiedad”, funcionales a los intereses hegemónicos, la violencia ejercida como expresión de la ambición, la codicia, la mezquindad y el egoísmo, propios de intereses sombríos, se ha llevado la vida  de cuatro seres humanos.

¿Civilización, razón, occidente? El lado oscuro de la existencia. Cuatro proyectos que se extinguen.

Y van.

 

Pablo