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PERIODISMO CULTURAL

Es el periodismo especializado cuya función social, compleja y formativa consiste en difundir, dar a conocer, criticar y hacer circular para su apropiación y consumo por parte del público al que está dirigido, los productos culturales o producción simbólica de una sociedad.

Esta rama del periodismo está a cargo de expertos, especialistas en cultura, críticos o artistas.

Su objeto es la cultura, concepto que cuenta con una variedad de definiciones: desde un modo de ser de un grupo social; el sentir de una comunidad; un sistema significante a través del cual un orden social se comunica, reproduce, experimenta e investiga; hasta actividades intelectuales y artísticas, entre otras.

Sus destinatarios son personas con búsquedas, expectativas e inquietudes relacionadas con su objeto.

En el cumplimiento de su función, cumple un rol legitimador de lo que se considera cultura en un determinado momento sociohistórico. Este rol lo lleva a cabo mediante la gestión de los espacios que expresan el fruto de la labor de los trabajadores de la cultura. Para tal fin instituye reglas constituidas por cánones estéticos, patrones de selección, restricciones, omisiones, mecanismos narrativos, privilegios y convenciones que determinan los saberes y las redes de circulación de los discursos expresivos correspondientes a los productos que serán leídos, vistos o escuchados en una sociedad.

Se expresa genéricamente a través de los medios masivos de comunicación; y específicamente, en los suplementos, páginas, programas y secciones culturales de los medios periodísticos, y en las revistas y formatos orientados a las heterogéneas expresiones de la cultura.

Además del citado rol legitimador, su importancia radica en que las reglas establecidas por este periodismo y las instituciones que las producen, provienen de una concepción axiológica dinámica con cierta carga de subjetividad, que resulta por su efecto en un factor significativo para la formación del público destinatario.


No temas ¡sólo es Internet!

Desde corresponsales de guerra hasta editores perseguidos por razones ideológicas, el periodismo es un oficio que le ha puesto el pecho a todo tipo de paradas.

Internet no cuenta con grupos de tareas ni apunta con misiles detectores del calor humano, sus armas son más sutiles. Es un sistema global de autopistas que eslabona servidores interconectados por donde circula la información localizada en los sitios web. Su presencia es omnímoda y su existencia es mutante. Hoy la Web 2.0 con sus redes sociales suben al escenario de la cultura al “prosumidor” de medios. De esto se trata el nuevo soporte para dar a conocer la producción simbólica de la sociedad.

Los productos culturales digitalizados y alojados en bibliotecas virtuales invitan a los internautas a saltar de un archivo a otro en una suerte de vertiginoso zapping virtual. El uso de filtros ubicados en los buscadores brinda un descanso a estos saltarines, aunque no el suficiente. La puesta online de un hipertexto con los links adecuados permite conocer una flamante obra musical, ver a su autor y escuchar la composición simultáneamente; y dirigirse hacia otras fuentes relacionadas con la noticia cuando el lector así lo disponga. Sin olvidar que una atrapante nota cultural exige de un excelente tratamiento de la palabra y no está exenta de la edición y el corte propios de una redacción, las ediciones online pueden difundir una novedad cultural rápidamente y mantenerla en el sitio el tiempo necesario para ser leída y comentada posteriormente por los cibernautas. Texto, imagen y sonido en una publicación digital compiten con ventaja ante los tradicionales medios gráficos, la radio y la TV.

Pero no todo es color de rosa: el acceso global sin exclusiones a la red; la ética periodística puesta en juego ante la información convertida en un trabajo colectivo desde las redes sociales; y la convergencia de medios junto a la concentración económica que expulsa mano de obra y achica las posibilidades del lector, son algunos de los problemas aún no resueltos en la nueva era. A los que se suman la necesaria formación tecnológica en el oficio, la relación con un público heterogéneo compuesto por nativos y migrantes digitales y el destino de los derechos de propiedad intelectual sobre los trabajos publicados, entre otros.

Por último, cabe distinguir entre la información cuyo formato y estilo no difieren en su edición gráfica y digital, y aquella que es diseñada específicamente para la red. En el segundo de los casos, la web requiere de una escritura y una estética a su medida. La creación de un estilo para la red es un contenido de la cultura que emerge con la era digital. Una nota referida a los nuevos estilos de redacción no es otra cosa que un acápite de los nuevos cánones que vienen a legitimar lo que es cultura en el modelo comunicacional dominante. La web como todo lo nuevo, trae consigo reglas que, a veces, ayudan a mejorar.

Por lo tanto periodista: -No temas ¡sólo es Internet!